Noche de Sábado, nublada y con una amenaza casi permanente de lluvia... ¿Nos íbamos a quedar en casa mirando televisión? ¿Nos íbamos a perder entre vasos llenos de alcohol en algún bar de mala muerte? ¡Ni locos! Como ya es costumbre de nuestro medio, los fines de semana son momentos dedicados plenamente al under, y más sabiendo que ésta fecha estaría exclusivamente dedicada a rendir homenaje a dos grandes de la escena metálica inglesa. Judas Priest y Iron Maiden, dos gigantes cuya paternidad sobre el estilo al cual rendimos culto está por fuera de la discusión, serían el hilo conductor que uniría a cinco bandas en un show tributo con una calidad realmente sorprendente.
Así, con una puntualidad cumplida a rajatabla, “Nine Fears” fueron los primeros en hacerse cargo de despertar a los presentes. El punteo de “The Hellion/Electric Eye” se hizo escuchar ni bien el telón se iba corriendo, para dejar a la vista la pinta casi desfachatada de Roberto Castiglioni en la voz – con mate en mano y ojotas -, acompañado por Daniel Lescano y Horacio Castro en guitarras, Martin Limeres en bajo y Bruno Alamo en batería. Si bien su cantante estaba claramente inclinado hacia una vertiente más asociada a power metal (la presencia de teclados acentúa este rasgo, por supuesto), en el marco de este festival lógicamente la banda adquirió una impronta mucho más heavy, sobretodo por el accionar de su violero líder quien sonó ajustado de punta a punta. Siguiendo con el tributo a Halford y su tropa, “Leather Rebel” sirvió para que la gran concurrencia de la cual gozó esta banda agitara y coreara desde los asientos, lo cual volvió a repetirse para “The Ripper” – con voz impostada y todo, una versión muy fideligna que asimismo contó con coros perpetrados por su bajista – ,“Between The Hammer And The Anvil” y “Diamonds And Rust”. Ya para este momento, se los notaba mucho más sueltos en escena, lo cual fue algo sumamente positivo a la hora de presentar lo que vendrá en su próximo disco: allí sí, base power más notoria, pero en donde no se descuidó tampoco la pesadez. El broche de oro, con otro homenaje: “Holy Diver” de Dio.
“Crusible”, por el contrario, decidió encarar el primer pase con un tema propio. Es que, como toda banda de progresivo, sus integrantes – Esteban Mendoza en voz, Mario Carenzo y Alejandro Gussoni en guitarras, Diego Acosta en bajo y Mariano Mendoza en batería - no pierden el gusto por la innovación; por ello, no sorprendió que jugaran más por el lado de la experimentación a la hora de agregar coros guturales, más propios del thrash a lo Slayer, a temas que nada tienen que ver con dicho estilo. Sin embargo, fue este un rasgo que sumó e incluso hizo la diferencia. A su vez, gozaron de un sonido en vivo muy cuidado, en donde cada uno de los miembros parecía jugar un rol específico en cada composición: persiguiendo la agresividad o la melodía, ritmos a toda marcha o más reposados, algo que habla muy bien de su baterista que, a pesar de su corta edad, se acopla a la perfección a las necesidades de la banda. E incluso se animaron a más, ejecutando un intermedio instrumental redoblando la apuesta en una fecha en la que dominarían las versiones ajenas, sin que ello los alejara de temas con una sustanciosa carga de heavy tradicional. Pero era esta condición sine qua non, por lo que “Wasting Love”, “Wasted Years” y “Be Quick Or Be Dead” cubrieron la cuota mínima y necesaria para justificar su presencia en esta noche de tributos.
Las palabras de Winston Churchill - que inmediatamente nos hacen imaginar a una bandada de pájaros de hierro surcando el cielo británico en una batalla que tuvo como protagonistas a los Spitfire ingleses y los Stuka germanos - fueron la introducción que ya nos hacía imaginar cual sería el primer cover de la noche para “Varholl”, banda conformada parcialmente por ex miembros de “Cruz de Hierro”. “Aces High” contó en este caso con una interpretación mucho más furiosa que la original, transmitida básicamente a través del incesante andar de un vocalista de garganta a punto de explotar. Definitivamente en él descansó el requerimiento de garra y potencia que toda banda debe tener, aunque no podemos decir lo mismo en cuanto a la pronunciación del inglés. Detalle aparte, continuaron con un sólido “Powerslave”, lo cual nos hacía ya intuir que habían seleccionado los temas más representativos de Iron Maiden, a lo cual contribuyó una muy buena labor de sus dos guitarristas. En cuanto a sus temas propios, tienen una tendencia muy cerrada en el heavy de hace dos décadas y media atrás, con riffs directos y tonalidades agudas tras el micrófono, lo cual termina siendo un cuchillo de doble filo: mina la originalidad en pos de una aceptación del público más generalizada. “Moonchild” y “The Trooper” cerraron finalmente su repertorio.
Un paso más en la escalada metálica fue dado por los miembros de “Quemando naves”, nombre curioso si los hay, relacionado con una conocida frase de Alejandro Magno. Pero no venían estos muchachos a hablarnos de últimos recursos: muy por el contrario, se posicionaron con fuerza y bravía sobre las tablas siendo fieles a su definición de “banda poderosa de heavy metal ochentoso”. ¿Influencia? Judas Priest, claro que sí, y “Jawbreaker” fue la primer prueba de ello. Chon en la voz, Guille en guitarra, Lemmy en bajo y Nucky en batería, todos ellos originarios de la localidad de San Miguel, se exigieron al máximo en una presentación que giró básicamente entorno a covers de la legendaria agrupación de Birmingham. Sin embargo, lo más llamativo – al margen del desempeño de estos muchachos en escena – fue la respuesta de una audiencia cuya voz se hizo escuchar aún por sobre lo que la banda estaba tocando a la hora en que “Breaking The Law” o “The Sentinel” hicieron su aparición en el set. Aparentemente, los “hinchas” de Judas parecen poner mucha más pasión en juego que sus colegas fanáticos de “Maiden”... ¿curioso, no? Logro, por supuesto, de estos músicos quienes sin embargo nos dejaron con ganas de escuchar más temas de su autoría. “Diamonds And Rust” y “Hell Bent For Leather” protagonizaron el fin del show.
A veces uno no entiende como puede ser que la gente no se quede en las fechas hasta el final, sobretodo cuando existe el riesgo de perderse bandas tan buenas como la que vendría a continuación. Pues bien, a los beneficiados que aún estábamos presentes en la sala, “After Dreams” nos dedicó un comienzo con un clásico de una proporción impresionante como lo es “Hell Patrol”, ampliamente festejado. Primera sorpresa que nos llevamos: la apariencia de sus integrantes no se condice en lo más mínimo con el estilo al cual adhieren. Es más, si nos tapáramos los oídos, bien podríamos identificarlos con una banda de Hard Rock, mientras que si cerráramos los ojos, la imagen que mentalmente se forma de su sonido sería la forma de vestir propia de los seguidores del heavy/power de los ochenta. Pero poco importaba eso al momento en que los cinco procedentes de Campana - Pablo Galazzo en la voz, Braian Troussel y Federico León en guitarras, Hernán Peirano en bajo y Nicko Giménez en batería – arrancaron con temas de autoría propia: un heavy melódico pero poderoso, con una viola líder puntillosa al extremo a la hora de solear (Yamaha de un lado, Kramer del otro), y un baterista que puede llevarse tranquilamente los honores de haber sido el que con más fuerza pegó sobre los parches, sumado al uso del metrónomo que lo ayudó a mantenerse ensamblado junto con sus compañeros. Recién para “The Evil That Men Do” pudimos notar que su bajista no era uno más del montón, sino que apartó la pua de las cuerdas y a tres dedos le dio forma a lo ideado por el gran Steve Harris. Estando muy a la altura de las circunstancias, finalmente se despidieron de nosotros con un excelente “Breaking The Law”.
Nuestro agradecimiento al staff de Pulmonar Creaciones por extendernos las acreditaciones de prensa correspondientes para cubrir este evento. |