En estos últimos dos años, el Death Metal Melódico comenzó a poner su vista en el extremo sur de nuestro continente. Así, tuvimos el gusto de contar en nuestros escenarios con la presencia de bandas de la talla de Carcass, Amorphis, Children Of Bodom, In Flames... Y por segunda vez, de Dark Tranquillity. Por ende, estamos en condiciones de afirmar que los suecos ya venían con un conocimiento previo cosechado allá por el año 2008, y sabían perfectamente que nuestro público estaba dispuesto a enloquecer desde el primer acorde. A pesar de que el lugar casi les queda chico, estos cinco titanes del género abrieron y cerraron el show con la misma energía, y con una sonrisa intacta de un Mikael Stanne que pocas ganas tenía de despedirse de nuestra gente.
Extraña mezcla fue la que presenciamos en cuanto a las bandas locales elegidas para telonear esta noche, aunque definitivamente todas se mantuvieron dentro de la vertiente extrema. Así, “Killing Season” – la banda conformada por los ex Vorax Ernesto Rodriguez en guitarra y Willy Araya en bajo, junto a José Chaves en guitarra, Rodrigo Giner en la voz y Ernesto Salazar en batería – salieron dispuestos a posicionar un Death Metal con ciertos toques de Thrash y lógicamente un poco de Heavy, dada la procedencia de dos de sus integrantes, sobre la tarima. Como era de esperarse, el mayor peso se concentró en el trabajo de Giner tras el micrófono, quien nos dio una pista de aquella banda a las cual se remiten, de alguna forma: Sepultura. Sin embargo, a la hora de los solos y si prestábamos una mayor cuota de atención a los riffs empleados, podríamos haber pensado quizás en Kreator. Brindaron definitivamente un show muy cuidado y de tintes profesionales demostrando que, a pesar de no tener una relación tan cercana en cuanto a sonido con la banda principal, la calidad musical de sus miembros fue algo que terminó de convencer a aquellos que no los habían visto nunca en vivo.
Por el contrario, “In Element” mostró sus garras inmersas en un estilo de mayor afinidad con lo que actualmente impera en Europa y Estados Unidos: un metal extremo, agresivo pero que no se centra tanto en la velocidad, sino en la pesadez. Imagínense que luego de haber girado por el viejo continente así como por el nuestro, Santiago Canepa (voz), Charlie B (guitarra), Emanuel Torres (guitarra), Mariano Alfonsi (bajo) y Tomás Limeres (batería) venían dispuestos a diferenciarse de sus colegas gracias al empleo de herramientas mucho más modernas y la composición de temas de una duración bastante larga. Por eso es que los solos de guitarra escasearon al punto de prácticamente no existir, reemplazados por bases a dos violas con mucho grosor, y con una actitud más propia del Hardcore por parte de su cantante, quien no ahorró voces guturales a lo largo de todo el show. Sin embargo, al recorrer el contenido de sus tres discos editados, uno puede percatarse de que sus primeros temas contaban con una elaboración melódica mayor, detalle no menor por ser un vestigio de la evolución y búsqueda de un estilo más propio, que definitivamente es el objetivo de este quinteto.
Los rosarinos de “Diva Satanica” fueron a su vez los encargados de ponerle las fichas al Death Metal Melódico por primera vez en el escenario de The Roxy. Leonardo Moreno en guitarra, Titi Velazquez en guitarra y voz, Julian Beloni en batería y Pablo Quaranta en bajo han recorrido un largo camino desde sus inicios como banda tributo a Arch Enemy hasta nuestros días. Sin embargo, de ese pasado conservan aún dos rasgos fundamentales: su nombre y ese buen gusto por la construcción armónica de la que goza la banda oriunda de Alemania. Por ello, las armonizaciones de viola no se hicieron esperar ni un solo instante, y cada aspecto estuvo supervisado hasta en el último detalle para lograr una performance sonora lo suficientemente nítida. Quizás lo más curioso es que no tuvieron la necesidad de contar con un baterista cerrado exclusivamente en el género: muy por el contrario, Julián Beloni ostenta una forma de tocar más propia del Heavy Metal tradicional, lo cual dio forma a una base rítmica sin perturbaciones, prolija, a la que sin embargo le faltó quizás un poquito de volumen para resultar contundente. Para el final, nada mejor que un cover de su banda de referencia, a modo también de honrar su nombre.
Finalmente, fueron los miembros de “Divine Intervention” – banda conformada por los ex “Mortem” Gabriel García (guitarra y voz), Mariano Bernini (bajo), acompañados por el ex “Cruzdiablo” Alejandro Payer (batería), el ex “Nequicia” Facundo Gomez (voz) y el ex “Sentencia” Adhemar Longoni (guitarra) – quienes volvieron a dar vuelta la perilla para ingresar nuevamente en una vertiente mucho más extrema. Soilwork, Morbid Angel, y algún que otro resquicio del más crudo Thrash Americano hicieron su aparición en los temas de propia autoría de estos cinco, cuyo sonido recuperó la fortaleza para hacer que los presentes prestaran más atención a lo que ocurría arriba de los escenarios. El trasfondo guerrero de la banda se vio sólo superpuesto por la voz de su frontman, quien se encargó de mantener el show casi al punto de ebullición. Y ni que hablar de la despedida que protagonizaron, con un medley conformado por lo más agresivo de los reyes del Death/Thrash: Slayer. Flor de debut tuvo este quinteto, que no sólo se dio el lujo de sonar de una manera impresionante, sino que asimismo lo hizo prácticamente pegado a la banda principal, algo que ciertamente redunda en muchos beneficios.
A pesar de que el telón dejó ver puntualmente el escenario en penumbras, únicamente iluminado por una pantalla con el logo de la banda, los cinco suecos se hicieron esperar bastante, lo cual dio rienda suelta a comentarios de notorio tinte humorístico porteño como “Ponele Play”. ¿Error de coordinación o intención de crear expectativa? Nunca lo sabremos. Lo que sí estaba en claro era que, una vez que Anders Jivarp se sentara sobre la banqueta, uno de los shows más explosivos del año se extendería por una hora y media. Y así fue: tras el primer golpe de bombo, Niklas Sundin y Martin Henriksson se plantaron a ambos extremos, acompañados por Daniel Antonsson, mientras Martin Brändström afilaba sus dedos detrás de las teclas, para que unos segundos después Mikael Stanne hiciera su tan esperada aparición. “At The Point Of Ignition” y “The Fatalist” fueron los dos primeros tracks en brillar dentro de una lista que se debatiría mayoritariamente entre sus dos últimas producciones: “Fiction” y la flamante “We Are The Void” lanzada este año, de la cual extrajeron la tercera pieza de la noche, “Focus Shift”. Si bien no podemos formular ningún tipo de crítica respecto al sonido que la banda ostenta en vivo (algo demostrado durante su visita anterior), por desgracia el volumen en un primer momento estuvo demasiado bajo. Ahora bien, ¿alguien dijo alguna vez que el teclado era sólo para bandas Power? Craso error, mis amigos: nada mejor que deleitarse con el ir y venir de Brändström por su instrumento, tan presente en las composiciones de hace diez años atrás (“The Wonders At Your Feet”), como de aquellas más nuevas (“Iridium” y “Shadow In My Blood”). Esta increíble presentación continuaba pues su marcha, únicamente detenida cuando las manos de Stanne – verdadero director de orquesta, e indudablemente el integrante más idolatrado de la banda – exigían algo de silencio para intercambiar palabras con sus seguidores, sobre los cuales re tiró de espaldas en más de una oportunidad. Ya para “Misery´s Crown”, hizo gala de sus dotes como vocalista melódico, y es un detalle el que nos da una pauta de la apertura mental de este líder innato: su cinturón, lejos de mostrar calaveras y tachas, dejaba ver una hebilla que rezaba “Rush”. Sorprendente pero cierto. Esa habilidad que este rubio tiene para encadenar la furia de lo gutural con la calma y el ritmo descendente es justamente la que se hizo presente ya para “The Lesser Faith”. Imposible que saltearan, por supuesto, dos de los más grandes clásicos de toda su carrera: nos vamos entonces a los años noventa, para rememorar al antiguo “Dark Tranquillity” con “Lethe” y “Thereln”. La despedida final, un momento que ni nosotros ni Stanne queríamos que llegara, arribó algunos minutos después con “The Grandest Accusation” y “Terminus (Where Death Is Most Alive)”.
Nuestro agradecimiento a Lucía Chiarenza por extendernos dos acreditaciones de prensa para cubrir este evento
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