Tras quince años de carrera y seis discos de larga duración editados, el quinteto originario de Springfield, Massachusetts, pisó por primera vez suelo argentino ante un público mayoritariamente metalero, pero con un gusto reservado por el Hardcore. Probablemente, el cansancio acumulado luego de una gira bastante intensa por todo el continente hizo que la lista de temas no fuera tan larga como algunos deseaban, pero por fortuna eso no afectó la calidad de ejecución de sus temas. Sin embargo, la descarga de energía comenzaba algunas horas antes, cuando las bandas teloneras se encargaban de calentar motores antes de la gran fiesta poguera.
Los miembros de “Eva” salieron a escena poco antes de que el reloj marcara las 19 hs, acompañados por una notable presencia de teclados programados. Ello nos dio la primera pauta de que serían la oveja negra en un recital dominado por las voces guturales y las violas estridentes: punto a favor, por supuesto, porque sirve para hacer conocer su propuesta a un público distinto al habitual. Muy lejos del Metalcore, este quinteto se posicionó en un heavy de sonido muy original, con guitarras lo suficientemente pesadas pero que respetaban la labor melódica de un vocalista que se mantuvo en tonos bajos; y aún así fue evidente el gran alcance de su voz, que logró sobreponerse al entorno que furiosamente era marcado por una batería guiada por metrónomo. Las violas, cercanas a un estilo de los noventa, dieron sin embargo lugar a solos que, sin necesidad de ser virtuosos, contribuyeron a la armonía general de los temas. No se los vio tensos sobre la tarima – algo que pudimos comprobar en su presentación internacional anterior, junto a Theatre of Tragedy – pero finalmente su puesta en escena un tanto estática terminó contrastando todavía más con lo que se vería el resto de la noche.
“Bruthal 6” son, por su parte, una banda muy reconocida en el ambiente del metal extremo local. Herederos de un Metalcore que rescata por momentos algo de Sepultura, ni bien sus miembros pusieron un pie sobre el escenario, sus cabezas dieron pie a un incesante headbanging. Recién cuando éste cesó, y los cinco miembros clavaron sus ojos en la audiencia, pudimos notar la elaborada producción que ostenta esta banda: trajes que pertenecían a un estilo moderno pero en color negro combinaban a la perfección con la pintura oscura que cubría sus rostros. Agresiva, aguerrida y a la vez variada: esos son los adjetivos que vienen a nuestra mente cuando pensamos en definir la propuesta de estos muchachos, que se amoldaron en una base a pleno doblebombo, que sin embargo de a momentos aflojaba para dejar que algunos pasajes limpios (no sólo en cuanto a las violas, sino también respecto de la voz), a ritmo lento, maticen algunas de sus composiciones. ¿Qué los unió a sus predecesores? Ese gusto por la producción metalera de los noventas, que es tan difícil de ocultar. Ahora, lograron definitivamente llegarle bastante más a los presentes, poniendo garra, fuerza y sentimiento a cada paso, en cada acorde.
Por último, los integrantes de “Nave Astra” subieron con la intención de dejar un poco más de lado al Metal. No son éstos “los trajeaditos que venden perdón”, a los que se refiere Ricardo Iorio en “Aguante Bonavena”; más bien, diríamos que son “los trajeaditos que venden metal extremo”. Es que la propuesta de esta banda aparece sumamente hermanada con la de Lamb Of God, Cryptopsy e incluso podríamos arriesgar un Meshuggah. Ni Black ni Death: metal mezclado con un poco de Hardcore y un ritmo capaz de partir nuestras cabezas al medio. Y aparentemente eso era justamente lo que buscaba la mayoría de los presentes, que se acercaron aún más a los músicos, para encontrarse con una subliminal carga de distorsión. Su vocalista mostró asimismo aires más contestatarios, forzando su garganta casi al punto de hacerla estallar, pegando alaridos que continuamente constituyeron la esencia de sus temas. A ambos lados, lo acompañaba el rasgueo compulsivo de dos guitarristas que parecían estar directamente enchufados a una toma de corriente; al margen de eso, los pequeños agregados melódicos tras el micrófono se vieron en manos de uno de ellos, así como del bajista de la agrupación, y del uso (que casi pasa desapercibido) de samples y teclados.
Muchas de las bandas foráneas nos suelen tener acostumbrados a largas esperas, pruebas de sonido interminables, e incluso evitan todo contacto con el público antes de comenzar a tocar. Bueno, con “Shadows Fall” ocurrió exactamente lo contrario. No sólo no se demoraron en gran medida para salir a enfrentar a una parva de metaleros ansiosos por agitar al ritmo de sus temas, sino que hasta caminaron desde la puerta del local hasta el escenario entre la gente. Apenas minutos después, las rastas de Brian Fair ya estaban volando por el aire, danzando al compás de “King of Nothing”, siguiendo los innumerables saltos que dio el vocalista a lo largo de todo el set. Primera muestra de lo que sería este impresionante show, en el cual la verdadera esencia de la banda quedó al desnudo: muy a pesar de la apariencia noventosa de Fair, y de su labor acorde, quienes se encuentran sosteniéndolo al frente poco y nada tienen que ver con la movida moderna. Sin temor a equivocarnos, podemos decir que Jonatan Donais y Matt Bachand son dos – excelentes, de más está decirlo – guitarristas acérrimos fanáticos del Thrash. Y no de cualquier Thrash: de la vieja escuela, a lo Testament, Overkill, Anthrax... Es decir, el legado de la Bay Area. Por ende la mezcla no deja de ser inusual y altamente llamativa. “Thoughts Without Words” causó, por su parte, que la respuesta un tanto tímida de los presentes comenzara a tomar lentamente efervescencia, improvisando un pogo que se iría alimentando con cada riff a lo largo de toda la noche. En cuanto a lo técnico, el trabajo desempeñado tanto por Donais como Bachand (éste último a cargo de espectaculares coros, que remarcaremos más adelante) como por Paul Romanko en bajo y Jason Bittner en batería fue prácticamente impecable.
Y sin embargo, su presencia sobre las tablas no fue tan impresionante como hubiésemos deseado. Es Fair quien – con su innato don de frontman – se robó el espectáculo de punta a punta, descargando su furia contra el suelo, contra los presentes que puño en alto, cuernos al aire, festejan su rabiosa performance. “A Public Execution”, con su actitud de desafío a la autoridad plasmada en un “fuck you” fue secundada por un “Failure of the Devout” que comenzó a voces guturales para terminar siguiendo una estructura por momentos más trabadita, mientras en “My Demise” es Bachand quien lentamente comienza a tomar más y más protagonismo. Pero será para “What Drives The Weak” que el encargado de la rítmica en las seis cuerdas nos hará acordar por momentos a Jerry Cantrell, alma junto a Layne Staley de Alice In Chains, a la hora de hacer coros limpios. “Inspiration on Demand”, por su parte, nos devolvió un poco más al Hardcore, momento en el cual la banda parece querer despertarse de su letargo para seguir en lo que a movilidad respecta al vocalista. Pero lo que nadie esperaba era el acto final con el que, previamente a sus últimos temas, estos cinco se iban a despedir de nuestras tierras. A modo de rendir culto y homenaje a uno de los embajadores más importantes del metal internacional, interpretaron “Bark At The Moon”, uno de los himnos más grandes que Ozzy Osbourne nos pudo regalar. Lo bueno, si breve... Dos veces bueno. O al menos así dicen.
Nuestro agradecimiento a Marcela Scorca por facilitarnos dos pases de prensa para cubrir este evento.
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