La noche del Sábado 24 de Junio sin lugar a dudas sería la fecha de un hito dentro de la historia de la música en Argentina. Luego de más de una década de separación, la banda número uno del Hard Rock nacional, “Alakrán”, se echaba nuevamente a andar por las calles de Buenos Aires. Ante ellos, un público dividido en dos generaciones completamente distintas: los veinteañeros que jamás habían tenido la oportunidad de disfrutar de semejante banda en vivo se entremezclaron con los treinteañeros e incluso con aquellos que ya rayan los cuarenta y pico, unidos, eso sí, por un mismo sentimiento, por una euforia y una curiosidad que hasta por momentos se confundían.
Mas la jornada había arrancado un tanto antes de la llegada de estos cinco aclamados músicos, y los responsables por acercar los primeros puñados de gente al lugar no fueron otros que “Bloom”. Cuarteto bastante conocido en el ámbito local, estos muchachos se despacharon sin mucho meditar con un Hard Rock de corte estadounidense, por momentos bastante similar a lo que nos ha legado Kiss. Sin embargo, existe un detalle sumamente particular que no podemos dejar pasar por alto: aquí las voces no son monopolizadas por un único integrante sino que el rol de cantante va rotando entre sus dos guitarristas y su baterista – todos ellos con timbres diferenciados, lo cual ayuda en esa búsqueda de originalidad -; con una base rítmica derecha y sin muchas complicaciones, gozaron de un ensamble sin fisuras, y supieron incluso resguardar la melodía en solos de viola que sin necesidad de alcanzar mucha velocidad, hicieron que sus temas resultaran acompañados por el cabeceo de más de uno entre el público. Y a pesar de que algunos problemas técnicos amenazaron con echar abajo lo logrado por estos cuatro, el cover final los hizo terminar con los brazos arriba: “Love Gun”.
Minutos más tarde, el verdadero rock pesado tomó posiciones cuando “Mike & Desafiados” arrimó sus riffs ochenteros al escenario: una necesaria muestra de que el estilo puede ser poderoso sin necesidad de tocar extremos. Teniendo como característica más llamativa la multiplicidad de arreglos nacido entre las cuatro cuerdas manejadas con destreza por su bajista, y un vocalista que parecía acentuar cada sílaba con toda su ira, estos cinco músicos aprovecharon para hacer conocer algunos de sus temas de autoría propia. Allí, con un sonido de dos Gibson hermanadas que por momentos nos hizo acordar a AC/DC, descubrimos que ni la rispidez de la voz ni los años de almanaque cuentan cuando se quiere brindar un mensaje claro. Y es que esta banda nos habló durante todo su set de historias de la calle, con la jerga de un mundo que sólo pocos conocen a fondo, con alguna que otra reminiscencia a lo religioso. Ya cuando estaban cercanos al final de su set, y cuando se pensaba que ya todo estaba dicho, dos invitados subieron a escena para sumar fuerza y color a su performance escénica. El guitarrista y la vocalista de la banda “Madison” se unieron entonces a sus colegas, encargándose de dejar un muy buen recuerdo a todos los presentes.
Ocupando la tercera posición en el podio, a escaso tiempo de la final, se ubicó “Seyer”, la banda originaria de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, aunque con algunos cambios en su formación. A diferencia de las oportunidades previas en que los habíamos visto en acción, actualmente son tres los que conforman el núcleo de una agrupación que se especializa – pura y exclusivamente – en rescatar el Heavy Metal de hace más de dos décadas. Pero no fue únicamente ésta la diferencia: por desgracia, la operación de sonido con la que contaron estuvo muy distante de ser la apropiada para semejante evento. En un primer momento, el sonido tanto de la guitarra como del bajo y la voz quedó sepultado a nivel volumen respecto a la batería: era como si hubiesen estado tocando dentro de una caja, o a lo lejos. De todas formas, de lo poco que se podía escuchar, fuimos descubriendo esa búsqueda permanente que encarnan sus miembros de un sonido que mucho tiene de la escuela de Maiden. Un bajo muy protagonista junto a una viola con armonías elaboradas fueron esos elementos que nos dieron una pista acerca de la principal influencia a la hora de componer. A pesar de que el sonido quiso terminar de acomodarse al final sin mucho éxito, la banda contó con el debido aguante de quienes se animaron a trazar la ronda y darle forma al primer pogo de la noche.
“¡Alakrán! ¡Alakrán! ¡Alakrán!”. El cantito con aires futboleros que forma parte del folklore de los shows en vivo en nuestra nación ya se hacía sentir cuando las luces fueron perdiendo su tinte amarillento. Pero el telón no se abrió sorpresivamente, como todos de alguna forma esperaban. Muy por el contrario, las pantallas en los laterales del predio se vistieron de negro y blanco para, imitando al cine de los años veinte, mostrarnos la supuesta situación previa a la reunión de los miembros de una de las bandas con más historia dentro del Hard Rock local. Así, mientras el Javier Retamozo dejaba los palitos chinos de lado para recibir un recado del manager de la banda, algo similar ocurría con Hernán Cotello, quien era despertado de una apacible siesta, e incluso con Mario Ian quien – cual príncipe de las tinieblas en versión Osbourne – aguardaba el llamado con bastón de mando y todo. Solo momentos después, sus pasos los conducen a lo largo del hall del teatro hasta el escenario y una vez allí... Los agudos de Ian se encargaron del resto. “Proud Mary” – en versión eléctrica al extremo –, de Creedence Clearwater Revival, invitó al agite desde sus primeros acordes. ¿Y quiénes fueron los anfitriones? Nada menos que el propio Ian en guitarra y voz, Hernán Cotello en bajo, Walter Curry en guitarra, Javier “Chino” Retamozo en teclados y Ricky “Griego” Alonso en batería, responsables de revivir una de las mejores etapas en su carrera musical. “Otra vez en las calles” justamente fue la mejor forma de describir ese regreso signado por un rock de vetas californianas (delatado en parte por la campera blanca de Cotello) que nos obligó a todos a quedarnos prácticamente sin garganta. Es que todos sabemos que Ian es un vocalista de metal de variadas influencias, sin medias tintas: en cada frase supo sintetizar lo mejor de sus raíces, zeppelineras para “Traidor”, y más rockeras para “No dejes de brillar”.
Para ese entonces, Walter Curry comenzaba a hacer de las suyas, por supuesto. ¿Quién dijo que sólamente los violeros de heavy eran virtuosos? Con “Entre el cielo, tierra y mar” este riffero innato mostró su costado técnico con un solo de referencias amplias y críticas acotadas. Pero ni siquiera eso le impidió bajar un poco para encontrarse con un Ian de viola acústica al hombro para “Siempre que pienso en vos” y “Soy libre igual”; solo instantes después, un integrante histórico dentro del hoy quinteto cobraría todavía mayor peso. Hablamos de “El Griego”, claro, un baterista que se animó a cargarse el intermedio al hombro con un solo difícil de seguir con la mirada, pero que resultó un verdadero manjar para quienes disfrutan de las proezas en el área de la percusión. Y pegadito nomás, casi de sorpresa, “Sin señal exterior”. La fiesta continuaba, sin lugar a dudas, y la que ocupaba el octavo puesto era la última composición en ser grabada antes de la primera separación de la banda, que a su vez supo hacer su camino a solas para dar vuelta por toda Latinoamérica: “En nadie confío”. En relación a ello, fue Ian quien bregó por votar a favor de una “ley de medios para la música pesada”, haciendo una clara referencia a la escasa difusión de la que goza la producción local. No es esa razón por la cual bajar los brazos, sino que debe ser un incentivo para seguir luchando, “Rompiendo las cadenas que nos detienen”; algo que “Alakrán” supo hacer siempre. “Las luces de la gran ciudad” y “Enciéndelo” nos fueron nuevamente deslizando hacia un universo de escalas y profundos punteos ideados por Curry, en donde el “Chino” Retamozo es el encargado de mantener la base melódica, mientras Cotello y “El Griego” empujan hacia adelante lo rítmico. Un pequeño regalo para los setenteros nostálgicos y convencidos: “Whole Lotta Love” como sólo un vocalista fanático de Robert Plant lo puede recrear, enganchado inmediatamente con “Vas a ser un dominado” y “Alguien nos divide”. El peligroso escorpión vuelve a sus andadas, a “Vagabundear” para encontrar nuevas almas a las cuales aplicar una dosis de Hard Rock mortal. Y sus víctimas, dichosas de recibir la picadura.
Nuestro agradecimiento a Lucía Chiarenza por extendernos dos acreditaciones de prensa para cubrir este evento.
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